Autora: Lenys Hernández (Venezuela) (1968)
Seudónimo: Lenys
Publicado: 28/07/08
Nuevamente siento mi mente en total desequilibrio, esto no me puede estar pasando otra vez. Con desespero cubro mi rostro, y mis manos frías estrujan mis ojos que se niegan a volver a mirar la terrible imagen. De pronto, escucho muy cerca la voz cálida y pueril de aquel niño preguntándome:
-¿Le sucede algo?
Vertiginosamente accedo a mirarle, él cambia su expresión, a modo de asombro. Imagino que mis ojos desorbitados y enrojecidos por el pánico, causa en él cierto recelo. Solo atino a girar la mirada hacia aquel árbol y ya no veo nada. Bruscamente me pongo de pie, coloco mi mano sobre el hombro del niño en señal de agradecimiento y emprendo el rumbo, ignorando hacia donde.
No se cuanto tiempo ha transcurrido, una hora quizás; pero aún me encuentro transitando las calles, sintiendo un aire helado golpeando sobre mi rostro.
Decido detenerme, respiro profundo. Es hora de ponerle fin a esta locura que me atormenta. De mi bolso extraigo el celular para iniciar una llamada y me percato de innumerables llamadas perdidas, todas de Rafa. Al momento las ignoro y marco apresuradamente el número de mi amiga Rosa.
-¡Sí, quien llama!
-Soy yo amiga, necesito tu ayuda. Ya no logro controlar mis estados neuróticos, cada instante éstos se hacen más recurrentes producto de mi abstinencia. Desconozco cuando los hechos son verídicos o irreales. Por favor necesito verte, ahora.
-Seguro Inés, ven a mi casa, te estaré esperando.
-Gracias, sabía que podía contar contigo.
Sentadas en el sofá, mi amiga se dispone a ofrecerme un té de pomillas, y sin más preámbulos me señala:
-¿Estás dispuesta a enfrentar la verdad, sin importar que en ella derribes la reputación e imagen del hombre que amas? Si es así, no te detengas. Debes estar conciente y admitir que tú deteriorado estado de salud se lo debes a él; porque gracias a sus negocios turbios y tu complicidad silente, te viste inmersa en grandes depresiones, que te llevaron a probar su inmunda mercancía. Y no conforme con eso, ahora que te ve dominada, sin fuerza, y animosamente fracasada, pretende darte el golpe de gracia con sus comentarios hirientes e ignominiosos.
Era inevitable que de mis ojos brotaran lágrimas, me sentía tan víctima como culpable. Estaba segura que todo lo que mi mente imaginaba y me hacía vivir, era producto de mis represiones y deseos de tomar venganza.
-¡Inés, has lo debido!, mientras me extendía el auricular del teléfono.
-Comunícate con las autoridades, ellos sabrán como ayudarte. Eso sí, evita cualquier contacto con un detective apellidado García, está tan incurso en todo esto, que apesta.
Hace 15 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario